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6.8.12

Alojarse en Argentina

¡Bienvenidos viajeros!

Como ya os expliqué, el viaje que realizamos a Argentina el año pasado fue uno de esos viajes que no quedará en el olvido. 
Parte del buen recuerdo que guardamos de este país lo tienen los hoteles en los que nos alojamos.
Cuando alguien me pregunta qué me gustó más, si Buenos Aires, El Calafate o Iguazú, siempre pongo en primer lugar El Calafate y en último Buenos Aires, pues bien, con los hoteles igual.

En Buenos Aires nos alojamos en El Hotel Presidente. El conductor que nos trasladó desde el aeropuerto al hotel, nos habló maravillas sobre el, de hecho el mismo se había alojado en el años atrás en su luna de miel. 

La primera impresión al entrar a la habitación no fue buena, nos encontramos con una habitación muy antigua, un baño pequeñito y una decoración muydesfasada, pero he de reconocer que como en muchas ocasiones pasa, la primera impresión no fue la correcta y acabamos nuestra estancia con muy buen recuerdo del Hotel Presidente. 





Lo mejor de la habitación eran las vistas a la Avenida 9 de Julio.





No tuvimos ningún problema con la limpieza, estaba todo impoluto. El desayuno muy completo, pudimos disfrutar de las famosas medias lunas desde el primer día, mucha variedad de fruta, zumos, té, embutidos y repostería.
Para mí, la mayor ventaja era la situación del hotel, en plena Avenida 9 de Julio, teníamos el Obelisco al lado y paseando pudimos ir a muchos sitios. Teníamos una de las paradas del bus turístico casi en la puerta del hotel. 


En El Calafate, nos encantó el hotel, al llegar nos enamoramos de su madera, de las vistas desde la ventana, el ambiente en general. Se respiraba tranquilidad, cosa que nos hacia mucha falta después de nuestro paso por Buenos Aires.  La decoración de la habitación era mucho más moderna y no faltaba ningún detalle. 






La sala donde desayunábamos era genial, tenia unos ventanales enormes y mientras desayunábamos podíamos ver parte del lago.

El Rochester Calafate no estaba en pleno centro del El Calafate, de hecho un día se nos ocurrió volver andando y tardamos como unos 40 minutos... Pero no os preocupéis el hotel cuenta con un servicio de transporte al centro que pasa cada 30 minutos. El único pero que le encontré a este servicio es que por la noche el último viaje era para mi parecer muy temprano ya que siempre teníamos que salir corriendo del restaurante para no perderlo y no volver andando. Lo mejor de no estar en el centro, era la paz que se respiraba, solo se veían dos o tres casitas cercanas y una carretera que desaparecía en el horizonte.
Fue el único de los tres hoteles en el que tuvimos que pagar por conectamos a su red wifi, pero solo pagamos el primer día, ya que descubrimos que muchos de los restaurantes de pueblo te daban la contraseña cuando cenabas en ellos.
La limpieza no faltaba en la habitación y no tuvimos ningún problema durante nuestra estancia.





El hotel de Puerto Iguazú fue toda una aventura, veníamos de un lugar con mucho lujo y limpieza y acabamos en un hotel con el que alucinamos nada más llegar. Recuerdo la entrada por la noche, un lugar sin gente, nos atendieron en la recepción y tras pasar una puerta la maleta se llenó de barro, estábamos en plena selva y no se veía nada, tras arrastrar mi maletita con ruedas unos cuantos pasos vimos la cabaña en la que nos alojaríamos, una especie de casita en la que había un par habitaciones para los huéspedes del hotel. La puerta de la habitación estaba llena de bichos pero he de reconocer que dentro de ella también no encontramos con alguna araña y mosquitos, pero bueno no nos vamos a poner tiquismiquis, como ya os he dicho, estábamos en medio de la selva. Se notaba mucho la humedad y es que en menos de un día pasamos de estar con pantalones y anorak para protegernos del frío a llevar pantalones cortos y camiseta de tirantes. 







La habitación en si no estaba mal, pero la ducha era todo un espectáculo. La habitación contaba con una nevera, si una nevera y no una neverita en un armario, hacia tanto ruido la nevera que la desconectamos nada más llegar.

Las Cabañas del Leñador fue un hotel que recordaré por el lugar en el que estaba, por la sensación de estar de acampada pero bajo techo y cama, por el paseo de la cabaña a la sala del desayuno ya que nada más salir de la habitación te encontrabas con muchísimos arboles enormes y se oían los cantos de los pájaros. Yo repetiría, pero no se lo recomiendo a los que odien los bichitos...

En general me llevé una buena impresión de los tres hoteles, los tres tenían sus cosas buenas y malas, pero he de reconocer que cada uno representa a la ciudad o pueblo en el que se ubica. 

Como siempre para cualquier duda no dudéis en usar el mail o dejar un comentario.

Un saludo viajeros y ¡buen viaje!


6.3.12

El Chaltén (Argentina)

Último día en El Calafate, 7.45h de la mañana, nos avisan mientras desayunábamos que nos esperaban en la puerta del hotel.  Nos recogieron los primeros, Ariel (el conductor) y Verónica (la guía), nos pasaron a buscar en una furgoneta pequeñita.




Fuimos recogiendo al resto del grupo por los diferentes hoteles, tres parejas más nos acompañaron ese día. Una de las parejas estaba compuesta por dos primas valencianas muy dicharracheras, otra pareja eran de la provincia de Misiones y la tercera pareja de Buenos Aires. La media de edad era bastante superior a la nuestra, pero tenemos que reconocer que eso no puso ningún impedimento a que pasásemos un día estupendo.
Tomamos la Ruta II par salir de El Calafate, pudimos ver flamencos y cisnes de cuello negro en el lago.
La guía nos fue explicando las especies que íbamos viendo. Vimos guanacos, unos animalitos que me encantaron de la misma familia que los camellos.

Ya en la ruta 40, paramos para ver el lago argentino (el más grande de argentina y el segundo de América latina). Durante el camino nos acompañó el sol y un fuerte viento.



La segunda parada fue en el Parador La Leona, donde algunos tomaron algo y otros disfrutamos del aire, el sol y el paisaje.





Nada más llegar a El Chalten, nos dimos cuenta del propio clima del pueblo, pasamos de un día de viento y sol, a un día de viento, nubes y lluvia. Paseando fuimos a ver el Salto del Chorrillo, una cascada muy relajante.

Dentro de la excursión nos entraba la comida, pudimos saborear un buen bife de chorizo bien acompañado con salsa criolla y chimichurri. De postre un flan con dulce de leche. Buenísimo.






Salimos un rato a pasear por el pueblo, ver los contrastes, disfrutar de la naturaleza, eso sí,  nos quedamos sin poder ver el famoso Fitz Roy, estaba cubierto de nubes. Pero no nos sorprendió, ya que según nos contó Verónica, El Chalten significa Montaña Humeante, porque antiguamente los habitantes de la zona creían que era un volcán, ya que normalmente la montaña estaba tapada.








Tras nuestro paseo nos fuimos directos al lago Viedma.
El glaciar Viedma nos esperaba tras un paseo por el lago. En la parte exterior del barco hacia muchisimo viento, creo que fue el día que más notamos el frio. Hicimos fotos y disfrutamos del lago y del glaciar. A la vuelta, nos dieron un café o té con alfajores para entrar en calor. 







Fue un día muy completo, no paramos de contar anécdotas, charlar sobre España y Argentina, sobre como era antes El Calafate, su historia, el turismo...
Me encantaron los acompañantes de ese día, la guía y el conductor.

Así que si visitáis El Calafate y queréis ver algo más que glaciares, no os olvidéis de visitar El Chalten, un pueblecito distinto y muy mochilero.

Un saludo y ¡buen viaje!

FOTOGRAFÍAS: Raquel López (2011)

10.1.12

Cataratas de Iguazú, lado brasileño y argentino

Y como os contaba en la entrada anterior (aquí), tras visitar el Parque das Aves nos fuimos a visitar el lado brasileño de las cataratas de Iguazú
Pagamos los 100 pesos en la entrada (también se puede pagar en reales), cogimos el bus interno del parque y paramos en la segunda parada. La primera parada es para la gente que quiere hacer el safari y subir a las lanchas.





Caminamos por las pasarelas, fuimos bajando para ir a los diferentes balcones y ver las vistas panorámicas. Al contrario que en el Parque das Aves, el taxista-guia, nos recomendó ir siempre a la derecha en las pasarelas. Cuando ya estábamos casi al final del paseo llegamos a una pasarela en la que nos pusimos el chubasquero y ¡a mojarnos! Fue una sensación muy agradable, el clima es muy cálido así que notar el agua de la catarata caer sobre nosotros fue muy refrescante. Es ahí donde te das cuenta de la fuerza con la que cae el agua, la pasarela esta bastante alejada de la catarata pero aun así el viento hacia que nos llegase bastante agua. Yo me protegí bastante del agua, pero mi acompañante acabó con los pantalones bastante empapados.
Subimos por el ascensor panorámico y cogimos el bus sobre las 17h. Si no recuerdo mal el último pasaba sobre las 17.30h hora argentina, 18.30h hora brasileña. 
Paramos en la tienda de recuerdos y volvimos al transfer.

A la vuelta y tras pasar la frontera brasileña (¡más sellos!), paramos en el Dutty Free Shop de Puerto Iguazú.

Atravesamos el puente que divide los dos países. Es muy curioso porque justo a la mitad se ve la diferencia del lado argentino pintado con los colores, azul y blanco y el lado brasileño, verde y amarillo. Pasamos la frontera argentina y al hotel a dormir.


Para el siguiente día teníamos reservado el VOUCHER para La Gran Aventura a las 9.45h en el Parque Nacional de Iguazú, en el lado argentino. Lo reservamos en el hotel junto a lo que hicimos el día anterior en el lado brasileño.
José nos reservó la plaza pero la actividad la teníamos que pagar allí (precios en pesos argentinos):
Cogimos la opción del Pasaporte Verde que incluye:
    • La Gran aventura ( recorrido de 8km por el sendero Yacaratiá, en plena selva, embarque en el puerto Macuco a una lancha para navegar 6 km por el río Iguazú, con 2 km de rápidos e ingreso en las cataratas con la lancha al Cañon de la Garganta del Diablo y a diversos saltos del lado argentino)
    • Paseo ecológico en barca a remo y vuelta con trenecito eléctrico.
    • Mapa del recorrido, aquí

José el chico del hotel nos dijo que para ir a las cataratas no nos hacia falta pedir un taxi o transfer, hay colectivos que pasan y te llevan a las cataratas por 10$. Nos comentó que lo cogiésemos sobre las 8.50h para llegar pronto y aprovechar el día.

Sobre las 8.45h y tras desayunar, fuimos a la carretera principal donde cogimos el Practico el día anterior para ir al centro, pero esta vez esperamos en el otro lado de la carretera, dirección cataratas o aeropuerto. Pasó un Practico que iba a tope y el conductor nos hizo un gesto de que en cinco minutos pasaba otro.  Mientras esperamos, conocimos a Lucy, una chica australiana de 37 años que venia sola a conocer las cataratas. 
Pasó un taxi y nos ofreció llevarnos por 40$ a los tres. Allí que íbamos, dos españoles y una australiana que no sabia nada de español rumbo las cataratas. Lucy nos acompaño durante todo el día. Nuestro ingles no es muy bueno, pero lo íbamos chapurreando entre gestos y ruidos, realmente divertido. Lucy quería ir al sendero Macaco, pero le explicamos lo de la Gran Aventura y se apuntó con nosotros.

Desde el mismo taxi pagamos la entrada al parque, 100$ cada uno. 
Tal y como nos explicó José, el chico del hotel, fuimos al stand de IGUAZÚ JUNGLE, pagamos los 290$ cada uno y los tres cogimos el camión de la 10h.

Era un camión todoterreno que nos llevó al embarcadero Macuco por la selva. Mientras, la guía muy simpática nos explicó el tipo de selva (subtropical), la vegetación y los animales que veíamos.




Llegamos al embarcadero Macuco, nos pusimos los salvavidas y nos dieron la bolsa impermeable para guardar todo aquello que no se puede mojar. Subimos por el río Iguazú inferior hasta dos saltos, el salto dos mosqueteros y el tres mosqueteros. Después fuimos rodeando la isla de San Martín (cerrada ese día porque el nivel de agua era muy alto) y llegamos al Salto Mbiguá. En ese primer paseo pudimos hacer fotos y en cuanto acabamos nos avisaron de que teníamos que guardar las cámaras ya que tocaba ¡ducha! Yo me llevé la cámara acuática, así que guarde la réflex e hice vídeo. 
Alucinante, el agua muy fría, un gran chorro de agua venía hacia nosotros, una experiencia única.
Para los que no tengan cámara acuática no os preocupéis, un hombre de la lancha graba toda la aventura bajo las cataratas, eso si, luego te cobran 150$ por el vídeo.








Al bajar de la lancha hicimos el recorrido que nos habían aconsejado tanto en Iguazú Jungle como José, es decir, ir siempre hacia la izquierda.
Vimos el circuito inferior, el superior y paramos a comer en un buffet libre llamado Fortin Cataratas, la carne en salsa estaba muy buena.

Cogimos el tren en la Estación Cataratas y paramos en la Estación Garganta.





Tras atravesar el río Iguazú superior por largas pasarelas llegamos al salto más impresionante, La Garganta del Diablo, litros y litros de agua cayendo a gran velocidad, con una potencia que deja sin palabras. Se formaban y deformaban continuamente preciosos arco iris dobles. 










Tras quedarnos maravillados, volvimos a cruzar las pasarelas, fuimos al embarcadero del Paseo Ecológico y subimos al bote a remo. Muy relajante. Pudimos observar la vegetación, escuchar y ver tucanes en su hábitat, escuchar las historias y explicaciones del chico que llevaba el bote...




En Puerto Tres Marias, desembarcamos y subimos al trenecito eléctrico que nos llevó a la estación Cataratas. Para acabar la visita, decidimos volver hasta la entrada del parque a pie por el Sendero Verde, pudimos escuchar la actividad de la selva.




Durante toda la visita al parque vimos coatis, hormigas gigantes, lagartos, mariposas, tortugas, tucanes, pájaros...

Aprovechamos muy bien el día, ya que el parque cierra a las 18h y nosotros estábamos cogiendo el colectivo de vuelta al hotel a las 18.15h. Para volver si que fuimos en el Practico, 10$ por persona, nos dejó casi en la puerta del hotel.


Nos duchamos y quedamos con Lucy para cenar, justamente estaba alojada en el mismo hotel que nosotros y para más casualidad en la habitación continua a la nuestra. Lucy nos esperaba en recepción, había llamado a un taxi para ir al pueblo a cenar, el día anterior le habían dicho un sitio que estaba muy bien pero no recordaba el nombre, nos fue indicando a nosotros más o menos como llegar y nosotros le traducíamos al conductor lo que nos decía. Fue bastante gracioso el camino. ”En la esquina de la gasolinera gira y en esa esquina con un cartel dorado y verde” nos indicaba ella, al final llegamos, AQVA se llamaba el restaurante. (precio taxi al centro: 18$). Cenamos muy bien, Lucy raviolis con salsa de setas, Aitor dorada al horno y yo unos ñoquis a la boloñesa. Nos salió todo por 291$, incluyendo 2 aguas, 1 cerveza y una mini botella de vino. Charlamos y brindamos con limonchelo. Intercambiamos teléfonos, mails y de vuelta al hotel (taxi de vuelta: 20$) 

Fueron unos días muy completos.
He intentado poner los precios y enlaces para que si estáis organizando vuestro viaje os sea mucho más fácil.

Un saludo y ¡buen viaje!

FOTOGRAFÍAS: Raquel L. (2011)

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